Entrevista a Juan Negreira

Desmontando la leyenda negra antidivisionaria

¿Por qué un monográfico dedicado a la División Azul? 

Los que ya llevamos un largo recorrido como «viejos divisionistas», es decir, aquellos que por nuestra edad tuvimos la ocasión de convivir en nuestra juventud con excombatientes de esa gran unidad, sabemos que no viene de ahora ese persistente y estratégicamente repetido «relato antidivisionario». Es por ello que no podemos ni debemos cejar en nuestro afán de ir conociendo no solo la parte, digamos, militar de su historia, que también, sino sobre todo ese «factor humano» que la lanzó a la épica y el mito que ha llegado hasta nuestros días. Debemos seguir combatiendo, línea a línea, tanta mentira y tergiversación intencionada de lo que fue y representó la División Azul. Es por esto que aceptamos muy gustosos la invitación de Laus Hispaniae para aportar nuestro granito de arena, y así dar a conocer a sus lectores un trabajo honesto sobre esa gran unidad militar.

¿Qué aporta este ejemplar?

Este volumen en realidad lo que aporta sobre todo es algo que se echa a faltar en esas publicaciones antidivisionarias: calidad, rigor y honestidad. Actualmente podemos encontrar ya con cierta facilidad libros de autores consagrados en el tema, con trabajos monotemáticos de una altísima calidad, desde tesis doctorales hasta estudios resultado de una larga trayectoria de investigación. Pero cada uno de ellos, auténticos compendios de erudición, nos ofrecen larguísimos textos que en ocasiones llegan a superar las setecientas páginas. Se hacía necesario un resumen de cada uno de ellos en un solo volumen, sobre todo dirigido a un público no necesariamente divisionista. Con este trabajo, o mejor dicho compendio de ellos, cualquier lector que no conozca bien la historia de la División Azul se podrá hacer una idea muy real y aproximada de lo que verdaderamente significó.

Actualmente hemos constatado un alto interés por conocer la historia divisionaria. Cada vez se incorporan más jóvenes que quieren saber la verdad sobre estos hechos que forman parte inseparable, aunque algunos lo pretendan separar, de la historia de España. La leyenda negra antidivisionaria va perdiendo día a día la batalla, pero nos queda mucho por hacer y abarcar, como por ejemplo el uso de esas nuevas tecnologías que nos permiten llegar a un público muchísimo más amplio y lejano.

¿Cómo se ha llevado a cabo la recopilación y quiénes han colaborado?

La tarea realmente ha sido sencilla, sin grandes complicaciones. Téngase en cuenta que, en realidad, los que trabajamos en esto con verdadera pasión —pues sin pasión nadie le dedica años, trabajo y esfuerzo sin subvención ni ganancia material alguna a este tema— ya nos conocemos muy bien. Somos un gran equipo. Por ello cuando les ofrecí colaborar con sus trabajos et amore para un número de Laus Hispaniae todos dieron un paso al frente. Quizá la parte más difícil para mí en mi labor de coordinación fue precisamente la de no llamar a otros autores que también hubieran podido ofrecer buenos trabajos. Desde aquí les pido disculpas, pero que nadie dude de que si no se hubiera puesto un límite, la obra hubiese acabado teniendo dos, tres y más volúmenes.

¿Cómo se llega a formar un equipo así?

Como he dicho al principio, yo soy uno de esos viejos divisionistas, pues por mi edad tuve el honor de conocer no solo a los veteranos divisionarios, sino que, a lo largo de ya casi cincuenta años, a aquellos jóvenes entusiastas que, cada uno según sus gustos y preferencias, nos dedicamos al estudio y conocimiento de todo lo relativo a la División Azul. Tras estas décadas se han ido incorporando a este mundillo —no lo voy a negar, algo friki— de los locos por la División, personas de todos los ámbitos y provincias que le han ido dedicando años de trabajo y estudio a su tema preferido. Locos sí, frikis también, pero con algo que marca en mi opinión la diferencia: un alto sentido de lealtad y compromiso para con la última gran gesta militar de España en el mundo. 

Hemos conseguido crear lo que yo amablemente defino como nuestro propio ecosistema. Cada uno en su provincia, cada uno con su tema, cada uno con sus fuentes y, no olvidemos, sus motivaciones, pero todos con un máximo común múltiplo: profundizar en su estudio y así divulgar la verdadera cara de aquella gran gesta. Quienes lean esto nos podrán achacar falta de imparcialidad; bueno, les respondería que personalmente no creo en dicha imparcialidad, y mucho menos en los tiempos que corren, pero sí en la honestidad y en la honradez. Y les puedo asegurar que las encontrarán en cada uno de estos trabajos, hechos desde la mente, pero también desde el corazón. 


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